yoga especialEl otro día me comentaba una alumna la que adoro, por cierto, porque siempre recibo algo de ella muy sabio, que desde que había empezado las clases no se notaba más flexible pero sí más cómoda en su rigidez. Me hizo reír, después lo pensé y me decidí a anotar unas cuantas consideraciones. La flexibilidad se define como la capacidad articular de alcanzar un movimiento de amplitud determinado, obviamente a esta articulación van unidos músculos, tendones (que interconectan las estructuras) y ligamentos. Todos ellos rodeados de una capa de tejido conectivo llamado fascia. Para ganar flexibilidad y poder mantenerla es importante trabajar desde la conciencia corporal, escuchando el cuerpo y sus limitaciones, eso es Yoga, aunque a veces se nos olvide.

La flexibilidad se alcanza con la constancia, con ejercicios suaves y con el tiempo. Un estiramiento brusco y mantenido, forzado e ilimitado solamente despertará un mayor reflejo miotático (mayor contracción como defensa del organismo), agujetas (que no son más que microroturas de las fibrillas musculares) y con el tiempo un desgaste generalizado de todas las estructuras que participan.

La respiración es un gran aliado, si tu respiración es calmada, tu cuerpo se calma. Ahora bien ¿cuáles son las claves de una respiración calmada? Primero, y me repito, conciencia corporal respiratoria, segundo: moviliza el diafragma, tercero, estirar el psoas, cuarto: trabaja con espiraciones largas y completas, las que a ti te vengan bien y te resulten cómodas.

La clave: escuchar al cuerpo

El calentamiento es otra clave, los movimientos suaves combinados con la respiración son una llave perfecta que abre nuestro cuerpo y lo prepara para el asana. Los movimientos amplios, suaves y repetidos, como se realizan en algunas disciplinas de movimiento, sueltan y preparan la musculatura. Al movimiento podemos añadir contracciones isométricas (ayuda mucho el uso de props, pelotas o rulos) para ir poco a poco aumentando la elasticidad. De hecho se suele recomendar que se hagan tandas, estirar, contraer, estirar, contraer, hasta sentir como nuestro cuerpo se va soltando.

Mantener la postura siempre desde la comodidad, no es necesario que nuestros músculos tiemblen (señal de poca coordinación muscular, esta especie de fibrilación del tejido muscular no ayuda al  cuerpo a sentirse bien y puede causar daños) ni es necesario marcarse objetivos: la flexibilidad se abre a nosotros cuando nosotros nos hemos abierto a ella.

Por último y en resumen, trabaja con conciencia, habiendo calentado previamente, entra en la postura o ayuda a entrar a tu alumnos con suavidad, con la respiración que le sea cómoda, estira el tiempo que consideres necesario, ayúdate de movimientos dinámicos y de contracciones isométricas suaves, déjate fluir y disfruta. No olvides lo que hemos dicho antes la flexibilidad llegará cuando tenga que llegar, pero mientras abraza lo que hay.

Esperanza Ruiz Bandera

Delegada de Yogaespecial en Málaga