Son palabras de Florentina  que relata su experiencia desde que su hijo Sandel nació hasta ahora. Después de un extenso periplo por distintos especialistas le diagnosticaron TEA. De origen rumano, hacía poco que se habían establecido en España. Fue una etapa complicada, en la que se divorció, apenas conocía el idioma y Sandel cambiaba de centro escolar con frecuencia. Ahora, más tranquila, afirma que ha aprendido a comunicarse con su hijo de otra manera y a valorar la sencillez de la vida.

Con apenas veinte años, Tina (Florentina) no se sentía preparada para ser madre. Tuvo un embarazo tranquilo, al igual que el parto. Deseaban una niña, pero el día que llegó Sandel (Alexandru) al mundo, fue el más feliz de su vida, y ya no recuerda otro día más feliz. Deseosa de estar piel con piel con su hijo, tuvo que esperar veinticuatro horas para poder disfrutar de él. Los médicos querían que descansara, pero ella no pudo descansar porque no estaba con su bebé. El reencuentro fue una experiencia completa, de emociones muy intensas.

Tina recuerda que su hijo no comía bien, Rechazaba la comida y le costaba coger peso. Cuando Sandel tenía poco más de un año, en un encuentro familiar, tuvo convulsiones. Lina sospechó de un perro que tenía la familia, puesto que estaba sin vacunar e incluso pensaron que era un síntoma de alergia al perro. Lo llevaron al hospital, pero no le realizaron pruebas, y el incidente quedó en un susto..
En otra ocasión, Sandel estaba gateando y se golpeó en la cabeza con la pared y con una puerta, no fue un accidente, fue algo intencionado. Se quedaron observándolo sorprendidos y confusos, quien diría que con el tiempo tendría que comentar ese incidente al Neurólogo, entendiendo porqué Sandel había realizado algo así.

Cuando se mudaron a España desde Rumanía, decidieron llevarlo al pediatra, Sandel parecía que estaba sordo, continuaba sin comer, ni descansar bien por las noches. Del pediatra los derivaron al Neurólogo. En esa época también se separó de su marido y Sandel y ella se quedaron en España. Esa época fue muy difícil, tuvo que enfrentarse a muchas frustraciones,. Sandel lloraba mucho, y aunque en esos momentos su hijo no tenía diagnóstico, en el colegio le indicaron que tal vez era autismo o un retraso madurativo. Ella desconocía el significado y la implicación de ese posible diagnóstico, apenas entendía el idioma y todo era muy complejo. Las consultas con el Neurólogo no eran fáciles. En ningún momento se sintió acompañada o guiada hacia recursos, profesionales, espacios, asociaciones, entidades, donde pudiera ser ayudada de alguna manera.

Pictogramas y lenguaje de signos

Cuando Sandel tenía tres años, les derivaron al centro base, desde el colegio ordinario. En ese colegio Sandel no era aceptado, puesto estaba en una clase ordinaria, y él requería otro tipo de herramientas. De ese colegio le trasladaron a otro especializado. Fue en este este centro, donde Tina pudo entender qué era el autismo. Le explicaban que se comunicaban con Sandel con la ayuda de pictogramas y con lenguaje de signos. Tina no sabía que se podía comunicar con su hijo de esta manera.

Hasta los siete años, su hijo no descansó por las noches, era hiperactivo y finalmente el Neurólogo le diagnosticó medicación. Tina recuerda esa época con muchísimo dolor, se sentía ignorante, sola y asustada. Pero a pesar de todo, reconoce todas las cosas que Sandel le enseñó y le está enseñando; a comunicarse sin palabras, sólo una sonrisa es suficiente. y a ser feliz con cosas muy muy sencillas,
“Aprendí muchas cosas y creo que aún me quedan muchas cosas por aprender. Aprendí a que hay que aceptar a los demás, que son diferentes de lo que soy yo, Aprendí que ya no espero nada de nadie, y cuanto menos esperas es mejor. Aprendí que mis hermanos son lo más importante para mí, ellos fueron los que me dieron más apoyo.
Me han pasado muchas cosas aquí en España, he conocido a mucha gente maravillosa, muchísimas personas, profesores, que han contribuido a nuestro crecimiento personal, que nos han aportado muchas cosas. Y estoy agradecida.

«El llevó el confinamiento mejor que yo¨

«El autismo me enseñó mucho, a tomar conciencia de los verdaderos valores, lo más sencillo es más importante. Mucha gente piensa que tener un hijo con TEA es muy difícil, y no lo veo difícil. Los vemos diferentes. Es difícil forma parte de una sociedad que tiene un patrón claro de comportamiento, de que todo debe cuadrar dentro de esta sociedad, pero no es difícil.
En el confinamiento con Sandel, cuando estábamos encerrados en casa, no le he sacado en semanas y no se ha quejado. Lo único que quería era ir al colegio, quería su rutina, yo lo pasé peor y él me animó, se adaptó. Estaba con sus dibujos, con el Skype del cole, que nos dieron mucho apoyo. nos llamaron casi todos los días, con los vídeos de Yoga.
Ahora sé cómo ayudarle, anticipar las cosas, no agobiarlo con mucha información, establecer sus rutinas, en el pasado no sabía cómo tratarlo, lloraba, no hablaba, en el parque porque no jugaba con los niños. Ahora hay veces que hacemos cinco cosas al día, pero me anticipó antes. No le gusta que la gente hable mucho, Es muy juguetón. Sandel es feliz”