Recibir más de lo que das, aprender en cada momento la importancia de estar presente, conectados a alguien o a algo mucho más grande que nosotros, eso es dar clase a un alumno como Sandel, etiquetado como TEA profundo, no verbal, 16 años.

Lo conocí por una amiga común y cuando comencé mi formación en Yogaespecial automáticamente pensé en él y sin razonarlo, ni darle vueltas llamé a Tina, su madre y le propuse trabajar con él y cómo un regalo del cielo empezó nuestra andadura mutua por este camino. Desde el minuto cero se produjo eso que mi formadora y maestra Arantxa Bermejo nos explicó: el vínculo, ese lazo que une a dos personas con un objetivo; dar y recibirDespués de tres años trabajando con Sandel hemos conseguido muchas cosas, que se calme por sí mismo, que busque un lugar tranquilo para relajarse, que su madre tenga herramientas para capear momentos complicados y en esta situación, en este confinamiento, hemos logrado que practique yoga con su madre, me mire dando clase en Instagram e imite las posturas. Nunca pensé que podría estar tan orgullosa de alguien y aunque suene pedante, también me siento orgullosa de mi misma, de mi trabajo y de lo que Yogaespecial ha logrado.

No todo ha sido un camino de rosas. Ha habido momentos duros, de no querer trabajar, enfados, cambios de medicación, de pasos atrás, de frustración y de caos pero siempre con un aprendizaje maravilloso, ¡fluir con cada momento y adaptarse! Sin planes, sin expectativas, dejarse llevar desde el corazón.

Lo mejor: echar de menos, perderme en su mirada durante la clase, nostalgia de conectar con su mundo y que me permita entrar para trabajar desde ahí con el máximo respeto y agradecimiento. Gracias, gracias, gracias. Gracias Sandel, Gracias Tina y Gracias a Yogaespecial