Si hay algo que te enseña la práctica de Yogaespecial es que cada persona es un mundo, independientemente de la condición o diagnóstico, cada uno tiene un proceso de evolución y unas fases que recorrer, incluso hay fases en las que te quedas y no pasa absolutamente nada porque no hay una meta concreta, lo único que debemos intentar es conectar con uno mismo y con el cuerpo, sentir desde la calma.

A veces salíamos muy bien de la clase y otras no tanto, hasta que comprendí que el resultado siempre se condicionaba a mis expectativas. Como profesora planteas unos resultados, una evolución, pero Sandel me ha enseñado que la vida y la práctica de Yogaespecial no es así. Hay que centrarse en el momento presente, en lo que necesita el alumno ese día, esa sesión, ese instante y no en lo que yo desee como profesora, cuando entiendes eso, entiendes todo y ya no hay resultados buenos o malos.

Sandel entra por la puerta y yo le busco con mi mirada, a veces nos encontramos y otras mira hacia otro lado, a veces necesita hacer posturas y otras sólo relajación, a veces necesita que le ayude y otras no. Así que entramos en la sala y se produce el momento mágico, conectar y escucharnos desde el corazón, cero expectativas, cien por cien entrega.

Sin apego a resultado

Ahora, después de cinco años de práctica un ochenta por ciento de las sesiones son en  fase imitativa, el tiempo nos regaló la independencia de poder hacer Yoga sólo mirando al otro. Es difícil explicar el momento en el que pasó, surgió de repente, igual que un niño cuando comienza a montar en bici solo, un día te dice ya puedo y lo logra, él no me lo dijo con palabras pero si, con su mirada, porque Sandel está diagnosticado de TEA y es no verbal.

Sólo puedo dar las gracias desde lo más profundo de mi alma por tener la oportunidad de vivir el momento presente en cada clase con Sandel y evolucionar, parar y sentir en el camino emprendido.

Gemma Gómez

Delegada de Yogaespecial en Paracuellos del Jarama (Madrid)