Cuando la profesora de yoga resulta también ser madre del alumno, no implica que sea más fácil realizar la sesión ni que siempre puedas llevar una rutina como desearías. El motivo es que el alumno hijo te sigue viendo como su madre y no como su profe de yoga.

¿Ah, eres profe de yoga? ¡Seguro que haces mucho yoga con tu hijo! Es la clásica pregunta e inmediatamente ellos mismos se responden. Es en ese momento, cuando mi rostro cambia, con cara de ‘no sé donde meterme’ y me pregunto cómo respondo de una forma que no resulte incómoda… y es ahí cuando sale la naturalidad de toda madre, respondiendo, ‘bueno… mira, en casa antes que profesora de yoga, tengo un papel más importante, ser madre’. 

¿Verdad que tu hijo no hace en casa lo mismo que haces tú en tu trabajo?, te imaginas practicando en casa con ese niño hacer una intervención quirúrgica, ser profesora como en el cole, llevártelo en tu ruta de transporte… por mencionar algunas profesiones, ¿no verdad?, si, es cierto que puedes simular hacerlo, y esa simulación se convierte en algo precioso y esencial para todo infante, que es el juego.

Entonces para mi hijo, hacer yoga se convierte en algo lúdico, donde no hay días concretos, ni una agenda semanal, ni unos objetivos principales ya que a veces esa sesión de yoga acaba siendo una mezcla de yoga con otras terapias como reflexologia podal, fisioterapia respiratoria y psicomotricidad, siendo un juego para él y por otro lado un poquito desde el engaño como madre, conquistando los grandes beneficios que tiene ésta práctica para él, siendo un niño con una parálisis cerebral de grado severo… Y lo acepto, y lo disfruto así. 

Aprender jugando

Habrá días donde sí le podré ofrecer, ¿hacemos una sesión de yoga como los mayores?; asistiendo él con la cabeza y otro días que se lo propondré y me dirá que no, y otra sesiones que parece empezar con un sí y de repente darse cuenta que hace yoga y empezar a patalear, pero así funcionan los niños en un hogar, aprenden a través del juego con sus padres y no desde la imposición, que ya de por sí ellos llevan, cargando con miles de objetivos en su día a día para lograr la mayor autonomía según la edad.

Entonces, te preguntarás fuera de casa ¿cómo son las clases de yoga con esas personitas tan especiales? Pues son clases de yoga súper divertidas donde también una vez más el juego interviene, pero simplemente cambia la persona, no soy su mamá o su papá, mi rol es diferente soy su profesora de yoga, nada que ver con la imagen de una terapeuta en fisioterapia, terapia ocupacional, logopeda… Aunque a veces pueda haber momentos donde lo parezca, la diferencia es que durante una sesión de yoga se ofrece un espacio de seguridad, calma y confort para ese alumno.

En ese espacio no existen objetivos ni una programación anual, sino el ritmo lo pone el propio niño,  (al igual que un adulto cuando inicia su práctica de yoga) donde a veces te pasas de la hora establecida de la sesión como otras a veces no llegas a completarla, donde se establece un vínculo de plena confianza, de sinergia y de compasión, donde  no me tienes que demostrar nada y al igual que no voy a esperar nada de ti, más que sólo disfrutes, conectes con tu cuerpo y tu yo esencial, y que desde el trabajo, la calma y el respeto por la práctica, consigas conectar el plano físico, mental y emocional, para continuar luchando para conseguir tus objetivos y saltar los muros que te ha puesto la vida.

Magda Forner es Delegada de Yogaespecial en Mallorca