Después de trabajar con Sandel durante cinco años y ser testigo de su avance, mi ego creció como profesora y mi seguridad parecía inquebrantable.  Al mismo tiempo otros niños con necesidades especiales me mostraron la capacidad y la enorme fuerza de voluntad de estos alumnos a los que imparto sesiones de Yogaespecial y esto me hacía crecer en confianza.

Pero con Álvaro mi seguridad se tambaleó; es un niño-adolescente que recorre muchos kilómetros cada viernes porque su madre apuesta por el Yoga como una herramienta que puede ayudarle a sentirse mejor, su hermana, fisioterapeuta, se lo recomendó y empezó con María una compañera de Yogaespecial que no pudo continuar con él.

Cuando Álvaro llegó a mi sala yo creía que la sesión sería fácil porque  ya tenía el ‘truco’ cogido y la clase fluiría… y él me enseñó que NO. La profe de Yoga, yo, tenía que desandar el camino conocido y transitar una senda nueva con él, porque las circunstancias eran distintas. No era Sandel, ni ninguno de los niños con los que trabajo, era Álvaro, un ser único, cómo cada uno de nosotros, que me aterrizó en menos de cinco minutos para enseñarme que la vida te sorprende y te muestra siempre lo que necesitas aprender.

La conexión entre ambos se produjo rápidamente, pero luego había que trazando el camino. Al principio fue duro y la paciencia fue, en este caso, el ingrediente mágico, volver a fluir desde el corazón con lo que ambos teníamos delante, una profesora nueva, una nueva forma de trabajar, un alumno con ganas de aprender y mucha ilusión.

Caminamos con paso lento, escuchando lo que su cuerpo necesitaba, sus límites, su forma de comunicarse y a la vez él me permitió desarrollar mi espera, mi escucha interior, mis límites. Poco a poco se fue creando un espacio seguro, un sitio donde el vínculo y la energía están presentes durante los 45 minutos de clase. Nos hemos acostumbrado el uno al otro y todo fluye, porque el camino se hace al andar y es mejor caminar despacio y disfrutar del paisaje.

Gemma Gómez Rico

Delegada de Yogaespecial en Paracuellos del Jarana