Mis padres, junto con otros pioneros, montaron este centro hace más de cincuenta años. En España entonces no existían los Centros de Educación Especial. Empezaron en un chalecito en Madrid, y unos años después, con la ayuda de subvenciones y mucho esfuerzo, construyeron lo que hoy es Alenta, un gran centro y una gran familia, a las afueras de la capital.

Ahora el equipo directivo ha llenado de fotos el recorrido desde la verja de entrada hasta la puerta de los talleres. Quieren agradecer así la tarea ingente de los que les precedieron. Hoy, muchos de estos pequeños, ya adultos qué veis en las fotos, son alumnos míos. El Yoga, les hace conectar con su cuerpo, han cambiado su patrón respiratorio y están más seguros de sí mismos. Es un camino de vuelta a casa.

Ellos han animado a sus profesores ´apoyos’ y cuidadores y poco a poco se van sumando a estas sesiones, ahora virtuales. Según me cuentan, ya están experimentando los beneficios de las asanas y algunas las realizan con los chicos a lo largo de la jornada. Están incluyendo el Yoga en las aulas.

Aurora Guillén, Delegada de Yogaespecial en Madrid